Berenjena atascada en un recto

Objetos atascados en el recto: ¿qué dice la ciencia?

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En este sitio dedicado a las exploraciones lúdicas y a las pruebas de juguetes para adultos, no tenemos miedo de aventurarnos en zonas un poco más… profundas. Hoy voy a hablaros de los objetos atascados en el recto, que convierten una exploración picante en una desventura digna de una película de catástrofes.

Los objetos atascados en el recto: la berenjena, todo un clásico

A raíz de un comentario de un lector que afirmaba que no, introducirse una verdura por el ano no entrañaba ningún riesgo real, me lo planteé. Es cierto que los sexólogos y todos los recursos sobre consejos de sexualidad coinciden: cualquier objeto que pase por la puerta de atrás debe tener una base ancha y plana; de lo contrario, podría aventurarse demasiado lejos y quedarse atascado. Todo el mundo ha oído alguna vez una anécdota sobre una visita a urgencias con la excusa de «estaba desnudo junto a este objeto cilíndrico y me resbalé». Pero, en realidad, ¿es tan común un incidente así? ¿No será más bien una leyenda urbana que busca promover un exceso de precaución? ¿Qué dice la ciencia?

Así que agarraos bien, que nos vamos de excursión por las profundidades de lo insólito, con unas estadísticas que os van a dejar boquiabiertos… Y (alerta de spoiler), ¡con consejos para no acabar en urgencias con una zanahoria o una botella a modo de trofeo!

Los objetos atascados en el recto, una historia muy antigua… ¡que va en aumento!

¿Sabías que los primeros testimonios escritos de objetos atascados en el recto se remontan al siglo XVI? Pues sí, ya en tiempos de Shakespeare había quien se arriesgaba a jugar con objetos que no estaban hechos para eso.

berenjena exploradora

Pero en los últimos años, los ingresos hospitalarios por este tipo de desventuras se han disparado. En Estados Unidos se ha pasado de 1,2 casos por cada 100.000 habitantes en 2012 a 1,9 en 2021. Entre 2012 y 2021, se estima que hubo 38.948 ingresos en urgencias en EE. UU. debido a objetos atascados donde no brilla el sol. En Suecia, entre 2005 y 2016, la incidencia entre los hombres subió de 1,4 a 2,3 por cada 100.000. Y en Inglaterra se habla de 389 objetos extraídos al año de media entre 2010 y 2019; el 85 % de los casos afectaba a hombres, sobre todo de entre 30 y 40 años. En fin, está claro que ya no es un fenómeno que pase desapercibido, aunque muchos casos siguen sin declararse por vergüenza.

Pero ¿qué es lo que se atasca, exactamente?

La lista de objetos atascados en el recto es tan variada como una sección de supermercado… O incluso más.

Entre los clásicos están los juguetes sexuales (el 55 % de las visitas a urgencias por objetos atascados en el recto en EE. UU., aunque por lo general sin base ensanchada), botellas o tarros, vasos, latas, velas, cepillos, envases de desodorante, bolígrafos, lápices, palos de escoba, destornilladores, pelotas de ping-pong, bolas de billar y, por supuesto, frutas y verduras (berenjenas, pepinos, calabazas, chirivías, manzanas, e incluso una calabaza y un coco !). Pero también cosas más insólitas, como bombillas, bolas de Navidad, una pata de silla, un mango de hacha, munición e incluso…  ¡un proyectil de la Segunda Guerra Mundial que requirió la intervención de un equipo de desactivación de explosivos! En fin, una auténtica cueva de Alí Babá… pero en el sitio equivocado.

Objetos atascados en un recto

Los riesgos: cuando la improvisación sale mal

Introducir objetos que no están pensados para ese uso, como verduras o artículos del hogar, es como jugar a la ruleta rusa anatómica. ¿Por qué? A diferencia de la vagina, el ano no tiene un «fondo» natural que detenga un objeto. Además, durante momentos de estimulación intensa, como el orgasmo, los músculos anales pueden contraerse con fuerza. Esta contracción puede crear un «efecto ventosa» que succiona activamente el objeto hacia el interior del recto, aumentando la probabilidad de que se atasque. Y después, si tenemos mala suerte, los movimientos musculares naturales del colon (el peristaltismo), que normalmente impulsan las heces, pueden arrastrar involuntariamente los cuerpos extraños más adentro del tubo digestivo.

En resumen, si el objeto no tiene una base ensanchada que detenga su avance, nada impedirá que se deslice como un pequeño cohete hacia una profundidad de la que ya no podrás sacarlo sin ayuda médica. Las verduras, como las berenjenas o los pepinos, pueden fragmentarse o llevar bacterias poco agradables a una zona que ya está repleta de microbios. Y, peor aún, algunos objetos frágiles pueden romperse dentro del cuerpo y causar daños considerables.

Además, los riesgos no son ninguna tontería. Entre las posibles complicaciones están los esfínteres dañados (y, por tanto, la incontinencia), las perforaciones de la pared rectal, las infecciones graves, como la peritonitis o la septicemia, y las obstrucciones intestinales. Y tardar en pedir ayuda, muchas veces por vergüenza, no mejora las cosas: cuanto más se espera, más se agravan las complicaciones. En la mayoría de los casos, el personal médico consigue extraer el intruso por vía anal, con anestesia. Pero a veces la extracción resulta más compleja: puede ser necesaria una cirugía abdominal y, en los casos más graves, una colostomía. Incluso hay casos documentados de fallecimiento.

Cómo evitar una situación… delicada

Entonces, ¿cómo asegurarte de que tus exploraciones sigan siendo seguras y divertidas? Aquí tienes algunos consejos para explorar tu puerta de atrás con seguridad y evitar convertirte en una estadística curiosa (pero embarazosa) de urgencias:

  • Elige bien tu juguete: Utiliza solo juguetes diseñados para el juego anal y con una base ensanchada. Esta es LA regla de oro. ¿No tiene una base lo bastante ancha como para evitar que el juguete sexual se te escape de los dedos y se pierda en las profundidades de tu culito? ¡Prohibida la entrada! Las contracciones musculares, sobre todo durante el placer, pueden succionar el objeto y llevarlo más adentro.
  • Nada de improvisar con objetos de uso cotidiano, aunque en el momento te parezca divertido. Aunque su forma te parezca adecuada, si no están pensados para eso, pueden surgir imprevistos. Guarda las berenjenas y los calabacines para la ratatouille, no para tu trasero.
  • Lubricación, siempre: El ano no se lubrica de forma natural, así que usa una buena cantidad de lubricante adecuado (a base de agua o de silicona). Reduce la fricción y, por tanto, el riesgo de lesiones.
  • Ve poco a poco: Empieza con algo pequeño y tómate tu tiempo para relajarte. ¡Nada de prisas!
  • La higiene ante todo: Lávate bien las manos, limpia los juguetes antes y después de usarlos, y evita pasar de un orificio a otro sin protección o sin limpiarlos.

¿Y si estos consejos llegan demasiado tarde? Si tienes un objeto atascado en el ano y se niega a salir por sí solo, que no cunda el pánico, pero tampoco te hagas el héroe. Olvídate de intentar extraerlo tú mismo al estilo MacGyver; podrías empeorar las cosas. ¡A urgencias, y rápido! Cuanto antes actúes, mejor. Los profesionales sanitarios están preparados para esto y, créeme, ¡lo han visto todo! Cuéntales con sinceridad lo que ha pasado; les ayudará a atenderte eficazmente. Y recuerda que están ahí para ayudarte, no para juzgarte.

Pero más vale prevenir que curar: un buen dildo seguro para el sexo anal es fácil de encontrar, incluso con un presupuesto ajustado, y te permite disfrutar sin miedo a que tu sesión picante acabe en desastre. Y si no sabes cuál elegir, echa un vistazo a nuestras pruebas de juguetes sexuales; quizá encuentres algunas ideas…

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